ANTES DE LEER LA RESEÑA
El primer libro, Una corte de rosas y espinas, me sacó de una profunda sequía lectora en la que me introdujeron la facultad y las interminables horas de trabajos (paradójico, porque estudio literatura). El segundo, Una corte de niebla y furia, me recordó que las buenas lecturas siguen existiendo y que, a veces, las segundas partes pueden ser mejores que las primeras. Es por esto que no pude pensar en una mejor forma de reabrir el blog (antes fue El rincón de Pi y por un tiempo, hasta que cerró del todo, fue Noches sin musas) que con su reseña.
Antes de nada, me gustaría avisar de que hace tiempo que no escribo críticas en blogs y es posible que esté oxidada. Espero ir mejorando con el tiempo y, sobre todo, conseguir que Musas entre libros viva mucho tiempo.
RESEÑA
Puede contener spoiler de libros anteriores
Es común que las segundas partes nos defrauden y pierdan la magia de los primeros libros. Algunas historias regresan a su esplendor en la tercera o cuarte entrega y algunos, no se llegan a recuperar nunca. Sin embargo, a veces, podemos descubrir que hay segundas partes que superan con creces a la anterior, dejando por mentirosos a quienes generalizan. Un buen ejemplo de ello ha sido Una corte de niebla y furia, donde la historia da un giro de 360ª y pasa de encantarnos a enamorarnos.
Sola en mi dormitorio, me di cuenta de que no recordaba cuándo me había reído con ganas por última vez.
Retomamos la historia de Feyre tras su encuentro con Amarantha y su conversión en alta fae tras su muerte. La corte primavera sigue su curso, moviéndose a través de las tradiciones y la fe que su boda con Tamlin parece proporcionar a su pueblo. Mientras todos parecen avanzar, ella comienza a consumirse, presa de las pesadillas sobre lo que ocurrió en Bajo la montaña y de la presión que ejercen en ella. Para colmo, el hombre por el que había entregado su alma y había perdido una parte de su humanidad, la mantiene prisionera en su castillo bajo falsas promesas de que todo se arreglará.
Con la narración en primera persona, presenciamos todo el dolor y el sufrimiento de Feyre. Sentimos cada una de sus emociones, desde el miedo al autodesprecio por lo que tuvo que hacer. Todo el mundo la considera una heroína, pero ella no se siente una y nos lo hace ver con cada frase. Comienza a explicarnos cómo trata de vivir, de respirar, cuando no siente ni un ápice de felicidad ni ha conseguido reír de nuevo. Tamlin y Lucien dejan de intentar comprenderla y ninguno se molesta en ayudarla cuando más lo necesita, la dejan prisionera, sin pensar que eso podría destruirla. Si cambiasen al narrador a uno de tercera persona, es muy posible que se perdiese el sentimiento de empatía que nos produce.
Al principio, cuando empecé el primer libro, no entendía el por qué de la relación entre Tamlin y Feyre. Después de terminar Una corte de niebla y furia, puedo entender su razón de ser. Ella era una niña que tuvo que crecer demasiado pronto y se enamoró de la seguridad que le proporcionaba. Se genera una relación de dependencia, en la que Tamlin trata de mantenerla a salvo para seguir reteniéndola a su lado; pero Feyre ya no es la misma que antes y necesita algo que él no puede darle. Utiliza promesas de que cambiará e incluso hace mejoras que no duran mucho, trata de atarla a él, una y otra vez, pero sin pensar en lo que siente ella. Esta relación que acaba siendo abusiva (el "príncipe" se convierte en la "bestia" y el castillo se vuelve una cárcel), es la que nos da a conocer la verdadera fuerza de Feyre y su capacidad para sobrevivir. Sin esto ni lo que ocurrió con Amarantha, la evolución de su personaje no habría sido el mismo ni habría llegado a significar tanto en el final.
Yo no era una mascota, una muñeca, un animal. Era una sobreviviente y era fuerte. No volvería a ser débil ni indefensa. No quería, no podía permitir que me quebraran. Que me domesticaran.
La protagonista es uno de los pocos personajes femeninos que son verdaderamente fuertes. Aunque al principio se dejase arrastrar y no reaccionase, acaba convirtiéndose en una superviviente de la pobreza, de Amarantha, de Tamlin, de todo aquel que quería utilizarla... Su autenticidad se ve en la forma en la que se consume y cómo se levanta por su propio pie. Tiene ayuda para conseguirlo, pero es ella quien consigue reunir cada uno de los fragmentos en los que se había roto y recomponerse a sí misma.
El resto de personajes también sufre una evolución, algunos de forma positiva y otros, como Tamlin, de manera negativa. Rhysand, por ejemplo, no solo cambia porque nos muestra la verdad tras sus actos, sino que con cada capítulo de la historia, va superando todo el daño que le habían ocasionado y su propio autodesprecio; porque, al igual que Feyre, también había perdido una parte de sí mismo con Amarantha y lo que ocurrió en Bajo la montaña. La mayor pega con respecto a los personaje es, en mi opinión, Lucien. Comparado a los demás (tanto los que tienen aspectos positivos como quienes tienen rasgos negativos), es bastante simple y a penas se nota un avance en su comportamiento. Se deja dominar por Tamlin debido a una lealtad que no tendría por qué tenerle y se queda completamente estancado, sin evolución.
Formalmente, las descripciones y los diálogos están bien compensado por lo que la historia no se convierte en un absurdo o un cuento para niños. Hace un gran uso de las metáforas con animales, las estrellas o el cielo nocturno (las he acabado guardando todas en mi libreta de frases). Además, ha mantenido un buen ritmo para introducirnos la acción, haciendo que la lectura de Una corte de niebla y furia sea indispensable para comprender, no solo el primer libro sino también el tercero. No ha tratado de colocar el amor como algo que lo cura todo (nos muestra las dos caras de una misma moneda) ni trata de romantizar temas que no tienen nada de bonitos (la guerra, el abuso, la depresión, la pobreza, la esclavitud...).
En conclusión, es uno de los mejores libros que he leído en estos dos últimos años y aunque no es perfecto, merece mucho la pena. Lo mejor, sin duda, ha sido la fuerza interior de Feyre y Rhysand, dos supervivientes natos.
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